Transparencia en Euskadi: Cuando la Ley se Queda Corta

Por DiversIA Categorías: Legislación

La brecha entre lo escrito y lo que funciona en Euskadi

Cuando hablamos de transparencia en la administración vasca, no estamos hablando solo de papeles y decretos. Estamos hablando de personas. De candidatos neurodiversos que acceden a convocatorias públicas sin saber realmente qué les espera. De empresas que dicen ser inclusivas pero cuyos procesos siguen siendo opacos.

La Ley de Transparencia de Euskadi existe. Está ahí, en el boletín oficial. Pero la realidad laboral cotidiana en el País Vasco va varios pasos más allá—o quizá, en algunos casos, varios pasos atrás.

¿Cuál es el problema? Que la normativa tiende a quedarse en lo genérico. Define obligaciones sobre acceso a la información pública, sobre registros, sobre procedimientos administrativos. Pero no contempla los detalles que importan: cómo se comunica realmente una oferta de trabajo, qué barreras invisibles frenan a un candidato autista en un proceso de selección, cómo una pequeña empresa puede cumplir con transparencia sin ahogar su operativa.

Prácticas que superan la letra pequeña

Aquí es donde entra lo interesante. Algunos organismos vascos han empezado a implementar medidas de transparencia que van mucho más allá de lo que la ley les exige. No porque sean obligados, sino porque alguien se dio cuenta de que funciona.

Hablamos de detallar públicamente los criterios de evaluación antes de una entrevista. De publicar el perfil sensorial de un puesto—sí, eso: cuánto ruido hay, si hay cambios de luz, cuántas reuniones diarias. De mantener registros accesibles sobre qué candidatos neurodiversos se presentan y en qué punto del proceso abandonan (o avanzan). Información que la ley de transparencia no ordena recopilar, pero que transforma la experiencia de quien busca trabajo.

Una cooperativa de economía social en Vizcaya, por ejemplo, empezó a publicar no solo sus vacantes, sino también el itinerario de las entrevistas, los nombres de los entrevistadores, y un vídeo de 2 minutos del espacio físico donde se desarrollaría el proceso. ¿Resultado? Candidatos mejor preparados, menos ansiedad, menos abandonos a mitad de camino.

El silencio administrativo como arma de inclusión

Aquí viene la paradoja que ningún legislador se esperaba: cuando la ley no dice que no hagas algo, tienes libertad para hacerlo.

Muchas administraciones vascas interpretaron la Ley de Transparencia no como un listado de obligaciones mínimas, sino como el piso desde el cual construir. Si la ley dice que debes publicar información sobre procesos, ¿por qué no publicar también el cronograma temporal, los ajustes razonables disponibles, o un contacto directo para candidatos neurodiversos?

El resultado: práctica administrativa que es más inclusiva que lo que cualquier normativa sobre discapacidad ordena. Y aquí está lo crucial: nadie tuvo que esperar a que el Parlamento aprobara una nueva ley. Bastó con leer la existente de manera diferente.

Dónde la norma se queda atrás

Pero seamos honestos: la Ley de Transparencia de Euskadi tiene límites claros, y algunas de esas limitaciones afectan directamente a la inclusión.

Primero: la protección de datos. La ley protege la información personal, lo cual está bien. Pero también genera un vacío donde debería haber transparencia sobre ajustes razonables. ¿Cuántas personas con TDAH reciben accommodations en procesos de selección en la administración vasca? No lo sabes. No se publica. Y no es por secretismo, es porque la ley interpreta que eso es información sensible.

Segundo: no existe obligación de analizar datos desagregados por neurodivergencia en los procesos de selección. Puedes saber cuántas mujeres se presentan, cuántos jóvenes, cuántos de zonas rurales. Pero nadie reporta sobre autismo, TDAH o dislexia. Resultado: invisibilidad estadística. Problema que no se mide, problema que no existe—en los reportes, al menos.

Tercero: la ley no obliga a comunicar los motivos de rechazo. Un candidato neurodiverso puede no ser seleccionado porque su stim—un movimiento repetitivo que calma la ansiedad—fue interpretado como «falta de concentración». La administración puede rechazarlo perfectamente dentro de la legalidad. Pero el candidato nunca sabrá la verdadera razón, porque la ley no lo exige.

Cómo las empresas privadas están tomando la delantera

Mientras la administración se mueve con los tiempos de la burocracia, hay empresas en Euskadi que ya tienen protocolos que la ley nunca les pidió adoptar.

Una tech company de San Sebastián publica voluntariamente un «mapa de neurodiversidad» de su empresa: qué porcentaje de su plantilla ha hecho disclosure de su neurodivergencia, qué roles tienen mayor concentración de TDAH (programación de Back-end, aparentemente), qué ajustes razonables se utilizan más. No es obligatorio. Pero atrae talento. Porque los candidatos neurodiversos ven que hay alguien que entiende, que mide, que se importa.

Otra empresa, esta en manufactura, creó un «simulador de proceso de selección» online. Antes de tu primera entrevista real, entras a un vídeo donde ves exactamente qué va a ocurrir. Qué harás cada 10 minutos. Quién te entrevistará. Si habrá test prácticos o solo conversación. Nuevamente: nadie les obligó. Pero la retención de empleados neurodiversos subió un 40%.

La pregunta obvia es: ¿por qué estos empresas lo hacen si la ley no las obliga? Respuesta corta: porque la competencia por talento es feroz, y los neurodiversos son talento. Respuesta larga: porque alguien en esas empresas entiende que transparencia es sinónimo de confianza, y confianza es sinónimo de permanencia.

La brecha entre Euskadi y el resto del Estado

Aquí entra el contexto. Euskadi no legisla en el vacío. La Ley de Transparencia vasca existe dentro de un marco español más amplio. Y mientras que España tiene la Ley 19/2013 de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno, Euskadi fue más lejos.

¿Más lejos hacia dónde? Hacia un modelo que asume que transparencia no es una obligación administrativa, sino un valor de gobernanza. Resultado: una sociedad civil que espera más información, empresas que anticipan demandas, administración que se ve presionada a innovar.

Pero aquí está el riesgo: que esa innovación práctica se convierte en normativa, y que la normativa no alcanza a toda la población. Porque una startup de 15 personas puede permitirse publicar un simulador de proceso de selección. Una pequeña administración local en un pueblo de Guipúzcoa, probablemente no.

Qué significa esto para los candidatos neurodiversos

Para una persona autista buscando trabajo en Euskadi, la situación es paradójica. Por un lado, hay más transparencia que hace 10 años. Por otro, sigue habiendo mucha opacidad donde más la necesitas.

Algunos procesos de selección pública en administración autonómica son excepcionalmente claros: cronograma, criterios, posibilidad de solicitar ajustes razonables por escrito. Otros, incluso en el mismo ayuntamiento, siguen siendo una caja negra donde el «vaya y vea cómo resulta» es tu única orientación.

La Ley de Transparencia abrió una puerta. Pero la puerta es más grande en unas instituciones que en otras. Y eso no depende de la ley. Depende de quién la interpreta.

El futuro: entre la ley y la práctica

¿Qué pasará ahora? Probablemente, dos cosas en paralelo.

Primero, la ley seguirá siendo presionada por la práctica. Administraciones y empresas harán cosas que funcionan. Generarán datos. Documentarán resultados. Y en algún momento, esos datos dirán: «Cuando compartimos información clara sobre el proceso, la retención de empleados neurodiversos aumenta». Cuando eso esté documentado, la ley será cada vez menos capaz de ignorarlo.

Segundo, habrá presión política. Las organizaciones de neurodiversidad en Euskadi ya están demandando mayor especificidad normativa. No solo transparencia general, sino transparencia específica sobre neurodiversidad en procesos de selección. Algunos políticos vascos ya lo escuchan. La pregunta es si lo traducen en legislación antes de 2030.

Mientras tanto, la recomendación es clara: si estás buscando trabajo en Euskadi y tienes neurodivergencia, no esperes a que la ley de transparencia te lo dé todo masticado. Pregunta. Solicita información. Demanda claridad. La ley te protege el derecho a pedirlo. Y cada pregunta que haces, cada transparencia que reclamas, es un pequeño empujón para que la norma alcance a la práctica.

Porque en Euskadi, la práctica ya está adelantada. Ahora toca que el resto de la administración estatal las alcance.

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Foto: Pavel Danilyuk via Pexels